Aguaje, Situación actual del recurso natural


Impacto del uso del recurso en el medio

  • Prácticas de conservación

    En términos generales, en todo el territorio no se llevan a cabo prácticas de conservación del recurso. Solamente se conoce de una comunidad (Parinari) que viene haciendo cierto tipo de manejo de sus aguajales (Bejarano, 2002), aunque no se sabe si la experiencia ha continuado autónomamente después de terminado el proyecto que la apoyaba (Programa Pacaya Samiria). También se conoce de esfuerzos realizados por algunas instituciones, como CARE en el Tamishiyacu - Tahuayo para promover la conservación del recurso. Pero la práctica extendida es destructiva. Ya desde 1967 un grupo de autores (Salazar, 1967; González, 1974; Padoch, 1988, Ruiz, 1991, y otros) ha venido llamando la atención sobre los efectos de esta práctica en la composición de los aguajales, que se están convirtiendo en formaciones con predominancia de machos.

    Por otra parte, la reducción de la productividad de los aguajales afecta las cadenas tróficas, especialmente a la fauna que lo tiene como elemento importante de su alimentación. Por ejemplo, la sachavaca (Tapirus terrestris) consume 33 % de frutos, de los cuales el 76.3 % es aguaje y el restante 23.7 % es ungurahui (Bodmer, 1990, 1991, cit. en Rojas, 2000).

    Suponiendo que en una población natural la mitad de los adultos son hembras, en un aguajal denso con una densidad promedio de 250 adultos por hectárea, habrían 125 hembras productivas. Sin embargo, una palmera femenina cualquiera produce frutos sólo cada dos años (Storti, 1993, cit. en Rojas, 2000), y además ocurren numerosos eventos que pueden causar que algunas palmeras no produzcan frutos en un determinado año, por lo que se estima que solamente unas 50 palmeras por hectárea serían realmente productivas cada año. En un sacha aguajal la densidad promedio sería de unos 50 individuos. Aplicando criterios similares a los anteriores, las plantas productivas cada año serían 10 por hectárea. El promedio simple de plantas productivas por hectárea para el territorio estudiado sería de 30.

    Dado que una planta femenina rinde unos dos sacos en promedio a la cosecha (se pierden siempre algunos racimos verdes), el abastecimiento del mercado estudiado representa la tala de 54,750 palmeras al año. Tomando un promedio simple de densidades de aguajales en el territorio, esto equivaldría al presente a 1,825 Ha descremadas anualmente. Teniendo en cuenta que un rodal natural de aguaje se descrema totalmente en unos tres años, y teniendo en cuenta también las tasas de crecimiento del mercado, en los últimos 50 años de deben haber descremado completamente unas 24,500 Ha de aguajales, con seguridad las más accesibles.

    No se han estudiado bien todavía los procesos de regeneración de los aguajales, pero aún suponiendo que los rodales descremados no se pudieran recuperar jamás (y aún suponiendo que por conservadurismo en los cálculos la superficie descremada fuese el doble o aún el triple), el impacto de la extracción en las poblaciones naturales totales parece más económico que ecológico, por el tamaño de las poblaciones subsistentes. Sin embargo, en las cuencas donde solamente se encuentran aguajales pequeños, generalmente paralelos a los ríos y comúnmente de menos de 10 Ha de extensión, el impacto puede ser significativo, por tratarse de poblaciones locales pequeñas. Este es el caso de la cuenca del Nanay o del Tahuayo. El efecto puede ser la disminución y hasta desaparición de las poblaciones locales de fauna que dependen en parte del aguaje para subsistir.

     
  • Diversificación de la producción

    En el acápite 4.7.A.a, Bloque 4, Actores, Productores rurales, se detalla la estrategia de producción de las poblaciones rurales amazónicas, que se basan en la diversificación de la producción, pero esta estrategia no tiene mucha relación con prácticas de conservación del aguaje.

     
  • Técnicas de cosecha

    La forma más común de cosechar el aguaje en el territorio estudiado es cortando la palmera. Solamente algunas personas cosechan subiendo con escaleras o con sogas, o trepando árboles vecinos, para pasarse después al aguaje a cosechar los racimos, o también tumbando un palo vecino sobre el aguaje para después trepar ese palo. Esto solamente se presenta en los casos de aguajes pequeños, que no pasen de 15 m de altura. Ningún productor se anima a subir a los aguajes más altos. Los aguajes que se cosechan subiendo generalmente son los que crecen en las huertas de los pobladores, quienes así demuestran que cuidan su propiedad. En los aguajales, la actitud es diferente. Rojas (2000) presenta varias técnicas que podrían usarse para cosechar conservativamente el aguaje. Algunas de ellas están en práctica de manera muy limitada.

     
  • Prácticas de reposición del recurso

    No se realizan prácticas de reposición del recurso, aunque todos los inventarios llevados a cabo hasta la fecha demuestran que existe buena cantidad de aguajes juveniles, que en un cierto número de años reemplazarán a los adultos cortados al presente. Sin embargo, no se realizan tampoco prácticas de favorecimiento de esa regeneración natural. La excepción sería la comunidad de Parinari, pero no se cuenta con información concreta al respecto. No se conoce si existen viveros, pero en caso de haberlos, deben ser muy pocos y pequeños.

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